Diez trucos de belleza que aprendimos de las abuelas

Ya se sabe: las madres educan y las abuelas maleducan. Las que tenemos niños conocemos esta máxima familiar. Hemos descubierto que en belleza, también se cumple.

En mi caso, el axioma se cumplió religiosamente. Mientras mi madre ponía fuera de mi alcance cualquier perfume, crema, aceite o bote de laca que pudiera usar ingrediente de alguna pócima secreta que beberme, mi abuela dejaba que metiera la mano en los cajones de su tocador, con la consiguiente lista de perfumes derramados, barras de labios destrozadas contra la tapa, cremas de cara untadas en el pelo (no siempre el mío) y otros desastres que ella olvidaba al instante.

Recuerdo haberle robado frasquitos de perfume que le regalaban en la ópera, haberle pintado las uñas, haber recibido como regalo suyo de cumple mi primera crema hidratante… La llegada de mi abuela la anunciaba una mezcla de Ô de Lancôme y laca Elnette; sus barras de labios tenían el perfume de las violetas, su cajita rosa de vaselina Gal es para mí como la magdalena de Proust, capaz de trasladarme a su lado cada vez que cierro los ojos y la huelo.

Son muchas las cosas que aprendí de mi abuela. Que se puede improvisar merienda para veinte en media hora, que el periódico se debe leer todos los días, que hay que disculparse siempre el primero, que no hay que decir tacos y que jamás, digo jamás, se puede salir de casa sin pendientes y/o los labios sin pintar. De ella aprendí a desmaquillarme, a ponerme crema a diario y a aclarar mi melena con agua fría. Todas mis amigas dicen haber conocido los mejores secretos de belleza de boca de sus madres, heredados de las abuelas.

Aquí os traigo una selección de los que todavía hoy funcionan:

  1. Vinagre en el último aclarado al lavarte el pelo. Siempre y cuando no lo lleves teñido (es decir, si formas parte de ese 5% de la población española femenina), ¡adelante! Promete mayor brillo, siempre que sea de manzana.
  2. Vaselina para todo. Aunque ahora cualquier producto con aceites minerales no tiene buena prensa, las abuelas lo han usado toda la vida en cutículas, talones, labios. Hoy podría hacerse lo mismo con manteca pura de karité o aceite de coco.
  3. Polvo de talco en las raíces del pelo. No solo para disimular una raíz un poco grasa, sino para dar volumen. Con dos condiciones: el cabello tiene que estar totalmente seco y hay que usar poca cantidad.
  4. Miel en labios cortados. Una buena capa sobre ellos hace milagros en los días de mucho viento en que la boca está expuesta a pelarse e irritarse.
  5. Áloe puro sobre la piel quemada. Ahora lo venden puro y embotellado, pero las abuelas lo aplicaban directamente desde la planta… ¿os acordáis?
  6. Una cuchara para rizar las pestañas. Una vez aplicada la máscara de pestañas, toma la cuchara por el mango, sosteniendo la parte cóncava hacia afuera. Coloca el borde de la cuchara en la base de las pestañas superiores y presiona las pestañas contra la cuchara ayudándote del pulgar. Mueve la cuchara hacia arriba poco a poco y lentamente, dejando que el pulgar y la cuchara estén contra las pestañas unos segundos cada vez.
  7. Un tissue con un beso. Para que el color de labios dure, las abuelas toda la vida se los han pintado, han dejado el beso en un papel y han repetido la operación. ¿Sabes qué hacía mi abuela para que no se le pintaran los dientes? Se metía el pulgar una vez en la boca, como un bebé. El resto de pintura quedaba en el dedo y no en los dientes.
  8. Guantes para todo. Para que el frío no seque las manos, para fregar, para podar las plantas, para ¡todo!
  9. Aceites para hidratar pelo y piel. Sobre todo, el de oliva. Sobre todo, en Andalucía. Ya se sabe que tiene muchas propiedades suavizantes, nutritivas y protectoras. En zonas donde el aceite de oliva no se usaba, por ejemplo en Madrid, había otra pócima casera hidratante que funcionaba genial, sobre todo en pieles sensibles: En un frasco, a partes iguales, glicerina pura y agua de rosas. La mejor crema de manos que te puedas imaginar.
  10. Naranja y azúcar. Frotado sobre codos y rodillas antes de ducharse, ha constituido el exfoliante más antiguo del mundo (sólo en el cuerpo, por favor).

Fuente: Birchbox

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